Sonrisas

¿Cómo nos ha afectado la cuarentena a nivel psicológico?

Durante este año la sociedad ha vivido un duelo constante. Muchas personas han perdido a seres queridos por culpa del coronavirus, pero además todos hemos perdido la realidad que conocíamos y a la que estábamos acostumbrados.

Casi de la noche a la mañana, tuvimos que empezar a convivir con una situación totalmente nueva y aprender a lidiar con la incertidumbre. Ahora, meses después del estricto confinamiento que nos mantuvo en nuestras casas, reflexionamos sobre cómo las circunstancias que han marcado el 2020 nos han podido afectar a nivel psicológico y emocional.

Nos creemos invencibles

La sociedad actual está definida, en cierto modo, por la predominancia de la cultura del éxito, que condena actitudes que puedan ser vistas como frágiles o inestables. Por un lado, la cuarentena ha contribuido a normalizar el derecho a sentirnos tristes. La sociedad en conjunto ha vivido una situación muy complicada, sin precedentes, que ha facilitado la adopción de una actitud empática hacia los otros.

Pero, por otro lado, también ha aumentado la carga emocional sobre nuestros hombros. Nos vimos avasallados por mensajes que nos impulsaban a tener una actitud resiliente, a ver el lado bueno de las cosas, a tener esperanza. La intención de estos mensajes positivistas no es mala, pero puede agravar el sentimiento de culpa y de malestar cuando, después de leerlos, no conseguimos sobreponernos a la tristeza o al miedo.

Cada persona tiene sus límites y capacidades, sus procesos y formas distintas de afrontar las emociones. No somos invencibles. Debemos permitirnos aceptar nuestros sentimientos y pedir ayuda si es necesario. Y debemos recordar siempre que nuestras emociones no son menos válidas que las de los demás.

Nos creemos invencibles

La trampa de la productividad

La autoexigencia es buena, pero si no sabemos gestionar nuestras expectativas puede llegar a volverse en nuestra contra. Durante la cuarentena surgieron un montón de iniciativas y muchas personas se esforzaron para ofrecer conocimientos y entretenimiento a los demás. Todo esto también es un arma de doble filo.

Crecieron las ganas de hacer cosas, pero también la sensación de si no aprovechabas la cuarentena para hacerlas estabas malgastando el tiempo. Esta es la trampa de la productividad: no reconocernos el derecho a descansar y no hacer nada de vez en cuando, y pensar que siempre tenemos que estar produciendo, creando y aprendiendo cosas nuevas.

Recuerda: ese familiar que durante la cuarentena se sacó cinco títulos en cursos online, hizo ejercicio a diario, comió de forma saludable y se leyó todos los libros que tenía pendientes, no eres tú, y no por ello él es mejor que tú. A cada persona la cuarentena le ha pillado en unas circunstancias distintas (laborales, económicas, emocionales, personales y físicas). Intenta no compararte con los demás y ve siempre a tu ritmo, decidiendo en cada momento lo que es mejor para ti.

La trampa de la productividad

Redes sociales como agentes catalizadores del estrés

Todas nuestras experiencias nos ayudan a forjar nuestra identidad y nuestra personalidad, incluso aquellas que vivimos sin movernos del sofá de casa. Durante la cuarentena, el único contacto que teníamos con el exterior de nuestro hogar eran las redes sociales y los servicios de mensajería y videollamadas como WhatsApp, Zoom o Skype.

El confinamiento fomentó una sensación de falta de control, miedo por el futuro e incertidumbre por no saber a lo que nos íbamos a tener que enfrentar, y vivir inmersos en las redes sociales no ayuda a mejorar esta sensación. En estos espacios, muchas veces, proliferan las noticias falsas, las faltas de respeto bajo el escudo del anonimato y otras actitudes que no son propias de un entorno tranquilo y seguro para nuestra salud mental.

Las redes sociales son herramientas que debemos aprender a usar de forma responsable, y al mismo tiempo, un entorno que debemos evitar en situaciones de estrés para evitar que se agrave nuestra condición.

Redes sociales como agentes catalizadores del estrés

Nuestro consejo final es que dediques una tarde a reflexionar sobre cómo te ha afectado a ti personalmente el confinamiento. ¿Has notado cambios en tu forma de pensar o de actuar? ¿Cómo ha afectado a tus relaciones personales? ¿Te ha ayudado de alguna forma? Medita sobre tus emociones y estarás más cerca de aprender a gestionarlas para sentirte bien.